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Community. I wonder what thoughts rushed through your mind when you read this one word. You see, for me it’s a bittersweet topic. Let’s just say that community and relationships in general have not been my forte, ok? Having experienced some dark times as a kid, I quickly learned to push people away and put up walls as defense mechanisms. I ran away instead of towards people. I tried my best to protect myself and to avoid experiencing more pain at all costs; even at the cost of having a real or consistent community!


This pattern continued throughout my younger years. I was an expert at hiding, blending in, and pretending in front of people. It was easier that way, or at least that’s what I told myself. Then God started to break my comfy yet lonely bubble during college and my early 20s. He did what I believed to be unthinkable at the time - He placed people around me that not only tolerated me, but enjoyed my company! I didn’t feel the need to fake it or act like someone else to be part of their community. After years of feeling like I had to change who I was to fit in, here God was showing me that I was indeed ENOUGH just as I was!


While I would love to tell you that I’ve been a community master ever since, it’s certainly been rocky at times. When life got busy with family and work, I withdrew from friends. When I didn’t know where to plug in, I gave up the search pretty quickly. Then God interrupted my broken view of community a few years ago. He showed me that community didn’t always happen magically or conveniently like I wanted, and He used my weaknesses and pain as part of His plan! You see, I was feeling alone in my struggles with my son’s school and behavior issues... until I shared our story and other moms reached out about their own kids. I was then feeling alone in my anxiety struggles... until I shared about my mental health (MH) journey and many others said “me too!” regarding their own MH struggles.


God taught me that community is not something you necessarily “join” or participate in. Instead, when you decide to lead with your pain and brokenness and stop hiding behind a facade, you invite others to your story and to God’s bigger story. Your brokenness does not disqualify you from enjoying being part of a community - God can actually use it as a tool to help you build a community you didn’t even know could exist!


“Community” may just be one simple word, but it comes alive when two or more people join arms to do life with each other. To celebrate the victories together. To mourn the hardships together. To support, inspire, and encourage one another. Your past experiences may have skewed your perspective or even desire for being in a community, but let me tell you, there’s healing and hope for you and I! God does not want you to live this life alone. God created the first woman because He said “It is not good for the man to be alone” in Genesis 2:18. Jesus had close friends and a community when He was on this Earth. Hello, even God is a community by design - God the Father, Son, and Holy Spirit. They’re a whole squad, and that’s what He desires for you and I to have!


So, if today you’re feeling discouraged or lonely, please know that community can start with YOU. God does His greatest work when we surrender and offer what we have - our brokenness, talents, passions - and place them in His hands! Take a step of faith, invite others in, and see what God does amongst you! Let’s do life together, shall we?

Comunidad. Me pregunto qué pensamientos pasaron por tu mente cuando leíste esta palabra. Te cuento que para mí es un tema agridulce. Ser parte de una comunidad y las relaciones en general no han sido mi fortaleza o talento, que digamos. Habiendo vivido varios momentos oscuros en mi niñez, aprendí rápidamente a alejar a la gente y a poner muros como mecanismos de defensa. Corría en sentido opuesto y no hacia la gente. Traté de protegerme y evitar experimentar más dolor a toda costa; ¡incluso a costa de tener una comunidad real o consistente!


Este patrón continuó durante mis años de juventud. Era un experta en esconderme y fingir frente a la gente. Así era más fácil, o al menos eso es lo que yo me decía. Luego Dios comenzó a romper mi burbuja cómoda pero solitaria durante mi tiempo en la universidad. Hizo lo que yo creía impensable en ese momento: puso a personas a mi alrededor que no solo me toleraban, ¡sino que disfrutaban de mi compañía! No sentí la necesidad de fingir o actuar como otra persona para ser parte de su comunidad. Después de años de pensar que tenía que cambiar quién era para quedar bien, ¡aquí Dios me estaba mostrando que de hecho yo era SUFICIENTE tal como era!


Aunque me encantaría decirte que he sido una experta de “comunidad” desde entonces, a veces ha sido difícil. Cuando mi vida se puso muy ocupada con mi familia y mi trabajo, me distancié de algunos amigos. Cuando no sabía dónde o con quién conectarme, dejé la búsqueda bastante rápido. Entonces Dios interrumpió mi visión rota de la comunidad hace unos años. Me mostró que la comunidad no siempre sucede de manera mágica o conveniente como yo quisiera, ¡y usó mis debilidades y dolor como parte de su plan! Verás, me sentía sola en mis luchas con los problemas de comportamiento de mi hijo en la escuela... hasta que compartí nuestra historia y otras mamás me contaron de sus propios hijos. Después me sentí sola en mis luchas de ansiedad ... hasta que compartí sobre mi salud mental (SM) y muchos otros dijeron "¡yo también!" con respecto a sus propias luchas de SM.


Dios me enseñó que la comunidad no es algo en lo que necesariamente "te unes" o en lo que participas. En cambio, cuando decides liderar con tu dolor y quebrantamiento y dejas de esconderte detrás de una fachada, invitas a otros a tu historia y a la historia más grande que tiene Dios. Tu quebrantamiento no te descalifica para disfrutar de ser parte de una comunidad; ¡Dios realmente puede usarlo como una herramienta para ayudarte a construir una comunidad que ni siquiera sabías que podía existir!


“Comunidad” puede ser una palabra simple, pero cobra vida cuando dos o más personas se unen para atravesar la vida juntamente. Para celebrar las victorias juntos. Para lamentar las dificultades juntos. Apoyarse, inspirarse y animarse unos a otros. Es posible que tus experiencias pasadas hayan torcido tu perspectiva o incluso tu deseo de estar en una comunidad, pero déjame decirte que hay sanidad y esperanza para ti y para mí. Dios no quiere que vivas esta vida sola. Dios creó a la primera mujer porque dijo "No es bueno que el hombre esté solo" en Génesis 2:18. Jesús tenía amigos cercanos y una comunidad mientras estuvo en esta Tierra. Hasta Dios es una comunidad por diseño: Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Son todo un “squad” (equipo), ¡y eso es lo que Él desea que tengamos tú y yo!


Entonces, si hoy te sientes desanimada o sola, quiero que sepas que una comunidad puede comenzar CONTIGO. Dios hace su obra más grande cuando le entregamos y ofrecemos lo que tenemos - nuestro quebrantamiento, talentos, pasiones - ¡y los ponemos en sus manos! ¡Da un paso de fe, invita a otros a acompañarte y ve lo que Dios hace entre ustedes! Vivamos la vida juntos, ¿te unes?

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Nat - Honduran American wife and Mami. Christ Follower. Former Web/Mobile Manager turned stay-at-home-mom (SAHM). Sharing my love for Faith, Family, Fashion, and Tech! To learn more about Nat, visit her blog.

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